lunes, 17 de agosto de 2015

Diez mitos sobre la crianza de los hijos

La Nueva España
José Muñiz - Catedrático de Psicometría de la Universidad de Oviedo
16 de Agosto de 2015
 
Algunos errores muy extendidos sobre supuestos factores que marcan el carácter de nuestros descendientes desde el embarazo hasta la adolescencia.
 
Para conducir un coche o una moto hay que pasar unas pruebas y sacar el carné correspondiente, pero para tener hijos no hace falta ninguna preparación reglada, se supone que la especie nos ha dotado de todo lo necesario para criarlos. Algunos dirán que esto está bien así, a juzgar por el éxito de nuestra especie "Homo Sapiens", que en doscientos mil años de existencia ha logrado acumular sobre la tierra a más de siete mil millones de personas. El argumento es innegable, pero no estaría de más añadir un poco de calidad sobre la cantidad, y aclarar algunos errores muy extendidos sobre distintos aspectos de la crianza de nuestros hijos. Hay muchos, pero vamos a reseñar a continuación diez de los más extendidos, que van desde el embarazo hasta la adolescencia.
 
1. Las parejas en planes de fertilización tienen más probabilidades de tener hijos si adoptan.
 
Falso, esta creencia tan extendida no tiene ningún fundamento científico. Todos tenemos alguna pareja de conocidos a los que les ha pasado esto, y la percepción selectiva nos traiciona y nos lleva a asociar adopción y embarazo. La fertilidad siempre nos ha preocupado y perduran muchos mitos en torno a ella, por ejemplo, arrojar arroz a los novios, símbolo de la fertilidad. De un modo u otro, la infertilidad afecta a un 10% de la población. Numerosas investigaciones nos indican que el porcentaje de parejas que se quedan embarazadas después de adoptar no supera a las que lo hacen sin adoptar. Incluso algunas investigaciones hallaron que la proporción de embarazos entre las parejas que adoptan es menor. En suma, adopte si lo desea, es una buena opción, pero no espere que ello favorezca la posibilidad de quedarse embarazada.
 
2. En Luna llena nacen más niños.
 
Pues no es así, la Luna llena es preciosa, y la usamos de excusa para muchas cosas, pero los niños no nacen traídos por su mágica llamada, qué le vamos a hacer. Un estudio reciente con más de medio millón de nacimientos así lo confirma. De nuevo aquí la percepción selectiva es la clave, uno se recuerda de un caso ocurrido en Luna llena y lo generaliza, olvidando los casos ocurridos con otras lunas. Por cierto, la Luna llena tampoco influye en el número de crímenes, o en las visitas a las urgencias de los hospitales. Disfrutemos de la Luna llena, que no es poco, pero no le atribuyamos más responsabilidades de las que tiene por naturaleza.
 
3. Dejar a los niños llorar hasta que se duermen puede perjudicar su desarrollo.
 
De entrada tranquilidad, llorar un rato no perjudica a nadie de forma irreversible, a los niños tampoco, que son más fuertes y adaptables de lo que muchos piensan. Cómo dormir a los niños es un tema polémico donde los haya, con dos bandos enfrentados, los que creen que hay que dejarlos llorar hasta que se duermen, y los que abogan por cogerlos y arrullarlos a las primeras de cambio. ¿Quién tiene razón? Todos un poco, el problema de fondo es que dormir autónomamente no es un hecho natural, los niños tienen que aprenderlo, como tienen que aprender muchas cosas, por ejemplo, a estar callados y atender en clase, a comer a las horas, a no morder a sus compañeros, a escribir, a comportarse en sociedad, en suma, tienen que civilizarse, y eso requiere canalizar los instintos básicos. ¿Recuerdan aquello de que la cultura es represión? Pues por ahí van los tiros. Los padres pueden adoptar una u otra estrategia para dormir a sus hijos, pero deben hacerlo con la tranquilidad de que ninguna de las estrategias que utilicen va a perjudicar el desarrollo futuro de sus hijos. Es obvio que los padres son importantes para la crianza de sus hijos, pero algo menos de lo que creen, los hijos también cuentan. Según la afamada psicóloga Judith Harris, en la adolescencia los amigos y compañeros son más relevantes que los padres, así que no va descaminado el dicho clásico de dime con quién andas y te diré quién eres.
 
4. Mojar la cama por la noche es indicador de problemas emocionales serios.
 
Es un error sin fundamento asociar el mojar la cama con problemas emocionales serios de los niños. De nuevo a nuestros niños les pedimos cosas para las que la especie "Homo sapiens" no estaba diseñada, de repente exigimos que los niños estén toda la noche secos, esto es relativamente nuevo, y de hecho en muchas culturas no lo exigen tan radicalmente. Tienen que aprender a controlarse, y unos lo hacen más rápido que otros, es todo, no metamos los problemas emocionales en esto. A veces la incontinencia nocturna (enuresis) tiene un origen médico que hay que diagnosticar y remediar, pero en la mayoría de los casos se trata de aprender a controlarse, lo cual es muy sencillo y cualquier psicólogo en unas pocas sesiones lo soluciona mediante un aparato de alerta nocturna. Los estudios científicos recientes indican que los niños con incontinencia nocturna no manifiestan más problemas emocionales que el resto. Eso tienen que tenerlo claro los padres, para no hacer precisamente de ello un problema y condicionar negativamente el desarrollo de sus hijos.
 
5. Los hijos únicos son unos egoístas y unos tiranos.
 
Esta falsa creencia es un clásico y está muy extendida, apareciendo el estereotipo de hijo único malcriado en numerosas películas y series de televisión, incluso algunos profesionales y profesores lo tienen por cierto. El caso es que hay hijos únicos de todo tipo, buenos, malos y regulares, y si algunos son egoístas y tiranos no es porque sean únicos, sino porque sus padres los educan de aquella manera, así que el problema está en los padres, no en la singularidad del hijo. Los estudios recientes sobre el tema indican que las características de personalidad de los hijos únicos no son diferentes de otros de sus compañeros con distinto número de hermanos, siendo tan populares entre sus compañeros como el resto de los niños. Si esto es así, cabe preguntarse por qué está tan extendido el mito de los hijos únicos, para cuya explicación suele acudirse al sentido común, pero éste no es suficiente para hacer ciencia. Hay que desterrar un mito que puede perjudicar al propio hijo único y a los padres, todos los niños son únicos para sus padres.
 
6. El divorcio arruina la vida de los hijos.
 
Falso, el divorcio en sí no perjudica en absoluto la vida de los hijos, otra cosa es que algunos padres los utilicen como munición en sus guerras, pero no es el divorcio el causante, son los padres inmaduros e irresponsables. Es evidente que una pareja con unas relaciones pésimas perjudica mucho más a sus hijos que un divorcio llevado a cabo de forma civilizada. Son las relaciones conflictivas de la pareja las que generan los problemas, no el divorcio, que en algunos casos puede incluso resultar beneficioso, liberando a los hijos de una situación familiar altamente estresante. A los niños hay que explicarles de forma clara y transparente, según su edad, las razones del divorcio, y hacerlo de forma natural, sin culpables ni acusaciones, son más fuertes de lo que se cree y lo superarán sin mayor problema. Es importante desterrar este mito de la sociedad para evitar que se mire y enjuicie a los hijos de personas divorciadas de distinto modo, y para que ellos mismos no se perciban diferentes.
 
7. Las guarderías perjudican la relación entre padres e hijos.
 
Esta idea errónea está instalada en el ideario de muchos padres y familiares, quienes piensan que los niños pequeños están mejor en casa con los padres, familiares y cuidadores varios que en la guardería o escuela infantil. No sólo no es así, sino que las investigaciones más recientes indican lo contrario, la guardería aporta muchas ventajas tanto para los niños que acuden a ellas como para sus padres, potenciando las relaciones y el apego familiar. Que uno de los progenitores, generalmente la madre, tenga que interrumpir su carrera profesional para quedarse en casa a cuidar a su hijo no va a beneficiar en nada ni la economía de la familia, ni a su satisfacción personal, y en consecuencia, perjudicará las relaciones entre la pareja y de ésta con los hijos. También está muy extendida la idea de que los niños que van a escuelas infantiles se ponen más enfermos, lo cual puede ser cierto al principio, pero a la larga enferman menos, seguramente debido al efecto de la inmunización que se produce. En suma, los padres pueden llevar o no a sus hijos a una escuela infantil, es su decisión, pero si lo hacen, tengan la seguridad de que nada malo va a sucederles, todo lo contrario.
 
8. La personalidad de los hijos depende de su orden de nacimiento.
 
Habrán oído muchas veces que el primer hijo es concienzudo, fiable y trabajador, los intermedios son negociadores y algo vagos, y los últimos son sociables, extrovertidos y espontáneos. Pues nada de nada, puro mito, esta idea de que el orden de nacimiento de los hijos influye en su personalidad no tiene ningún fundamento científico serio. El orden de nacimiento no explica nada importante, hay que buscar razones más sólidas.
 
9. Cuantos más deberes se pongan para casa mejor.
 
Muchos padres y profesores están instalados en la idea de que cuantos más deberes se manden para casa a los estudiantes mejor. Sin embargo, las investigaciones recientes indican que esto no es así de simple, los deberes son una importante herramienta para ayudar a los estudiantes a alcanzar los objetivos académicos y personales, pero como cualquier otra herramienta hay que usarla con tino. Más que la cantidad de deberes, lo importante es cómo lo hacen los estudiantes y qué tipo de deberes asigna el profesor. Por ejemplo, para estudiantes de 13 ó 14 años una hora de deberes diaria tendría que ser suficiente por término medio, siempre hay variaciones individuales. Esos deberes no tienen que ser meras repeticiones monótonas, sino que deben suponer algún reto y novedad para el estudiante, y debe hacerlos por su cuenta, ayudas externas las justas y cuando sean estrictamente necesarias. Y un mensaje claro a los profesores, si no los van a corregir y a dar información sobre ellos a los estudiantes, mejor no los pongan.
 
10. Los trastornos de atención y la hiperactividad son daños cerebrales.
 
Falso. Algunos niños tienen dificultades para concentrarse, no focalizan su atención, y no paran, son hiperactivos. Esto es normal, al fin y al cabo son niños cargados de energía a los que se pide que estén callados, concentrados y quietos, lo cual es antinatural, esta situación no estaba prevista en el programa de nuestra especie, que en tiempos no muy lejanos seguramente se benefició de estas conductas hoy penadas. Los casos más extremos hacen muy difícil la labor de profesores y padres, así que desarrollan estrategias para enseñar a estos niños a encajar en los moldes que exigen la escuela y la sociedad actuales, y en general lo consiguen de forma razonable. Hay una idea errónea muy extendida, que considera que estos niños tienen un problema en el cerebro, no hay tal, su problema es de conducta, no neurológico, como bien explican los profesores de la Universidad e Oviedo Héctor González Pardo y Marino Pérez en un excelente libro sobre el temas. El cerebro es una máquina fantástica, que con un 2% de nuestro peso corporal gasta el 15% de nuestra potencia cardíaca, consume el 20% del oxígeno que usamos y el 25% de la glucosa. Pero el cerebro no segrega la conducta cuan vulgar glándula secretora. la conducta de las personas es compleja y depende de muchos factores, entre ellos el cerebro, por supuesto, pero es una simpleza el pensar que todo lo que hacen las personas emana directamente de su cerebro. Además, como cualquier otra parte de nuestro cuerpo, el cerebro depende de lo que hagamos, es entrenable, se modifica al aprender, así que en cierta medida somos responsables de nuestro cerebro. Ayudemos a estos niños a integrarse, pero no les pongamos la etiqueta de daño cerebral, puede ser peor el remedio que la enfermedad.
 
Queden ahí esos 10 mitos sobre la crianza de nuestros hijos, esperando que les ayuden a entender algo mejor el complejo mundo de los humanos. Quienes estén interesados en saber algo más sobre el asunto pueden consultar la abundante literatura sobre el tema, y en especial el libro de Jupp y Jewell, publicado por la editorial Wiley y del que hemos tomado varios de los mitos comentados.

jueves, 13 de agosto de 2015

El apego: la mayor fuente de sufrimiento

La Mente es Maravillosa
Por Edith Sánchez
 
"Los enemigos como el odio y el apego carecen de piernas, brazos y demás miembros, y no tienen coraje ni habilidad, ¿Cómo, entonces, han conseguido convertirme en su esclavo?"
 
- Shantideva -
 
 
A decir verdad, la especie humana es una de las más frágiles de la naturaleza. Cuando un bebé nace, necesita de su madre de forma casi absoluta para poder sobrevivir. El cachorro de un león, un pez o hasta una lagartija vienen mejor preparados para independizarse pronto.
 
Se ha comprobado que esa necesidad de los demás no está orientada solamente a las necesidades básicas, como nutrición o calor. También existe una profunda necesidad afectiva desde el comienzo de nuestras vidas: los bebés que no son acariciados suelen enfermar o morir.
 
Es indiscutible la necesidad que todos tenemos de los demás. Como especie, nos necesitamos. Palidecemos o morimos si no hay otro ser humano a nuestro lado. Sin embargo, hay una gran diferencia entre ese vínculo instintivo que garantiza nuestra supervivencia y las dependencias neuróticas que a veces desarrollamos en la vida adulta.
 
Los laberintos del apego
 
Por paradójico que parezca, solamente logramos alcanzar la autonomía, si podemos experimentar la completa dependencia.
 
El apego a las figuras de cuidado durante la infancia es el soporte de nuestra seguridad emocional.
 
El mecanismo es simple: si durante tu infancia cuentas con alguien a quien puedes acudir siempre en busca de protección, desarrollarás un sentimiento de confianza frente al mundo y a los seres humanos. Eso te permitirá alcanzar la independencia en tu vida adulta.
 
Todos necesitamos de una madre, o de alguien que haga sus veces, durante la infancia. Pero no siempre esa figura está ahí.
 
A veces, ella trabaja y tiene que dejar a su pequeño en una guardería o un jardín de infantes desde muy temprana edad. En otras ocasiones, ella está tan ocupada de sus propios problemas que no tiene la disposición para estar ahí plenamente y de corazón, cuando su bebé la necesita. O tiene que ocuparse de nuestros hermanos, aún si la necesitábamos desesperadamente solo para nosotros.
 
También puede ocurrir que se sienta tan ansiosa en su condición de madre, que vuelca sobre su hijo las inseguridades que la atormentan; entonces, lo protege de más, como si el mundo fuera una constante amenaza.
 
En esos casos, y otros similares, crecemos con una sensación de vacío afectivo. Nos angustiamos excesivamente cada vez que debemos enfrentar una situación solos, o cuando tenemos que tomar una decisión libre.
 
Y también, secretamente, añoramos encontrar una figura que sustituya a esa madre que no estuvo, o que en un momento dado faltó.
 
Por eso tratamos de encontrar un pareja que nos dé todo, sin esperar nada. Le demandamos una entrega incondicional y nos sentimos profundamente frustrados ante cualquier señal de indiferencia o desapego. Vivimos para el miedo de perder a esas personas que, suponemos, repararán la falta que llevamos dentro.
 
Del apego a la autonomía
 
El apego a otras personas es importante y necesario a lo largo de toda la vida. Desde que nacemos hasta que morimos necesitaremos de otros para poder garantizar nuestra salud física y emocional. No importa que seamos un inversionista exitoso de Wall Street o un ama de casa de Bolivia. Todos necesitamos de los demás.
 
El problema aparece cuando esa necesidad se transforma en ansiedad. Cuando sentimos que si nos dejan solos volveremos a ser ese pequeño indefenso, que se queda paralizado frente a un mundo amenazante.
 
Para sortear esa ansiedad algunas personas pueden emplear diferentes estrategias. Una es aquella que ya mencionamos en el apartado anterior: buscar una figura que sea portadora de esa imposible promesa "siempre estaré ahí, nunca te dejaré solo".
 
Otra posibilidad es optar por lo contrario: evitar a toda costa crear lazos de dependencia con otros, de modo que jamás volvamos a sentirnos abandonados.
 
También podemos volvernos desconfiados, recelosos y excesivamente exigentes. Les pediremos a las personas mucho más de lo que pueden dar. Y renegaremos eternamente de sus faltas, sus carencias, sus limitaciones. Como si fuéramos un pequeño dictador frustrado por no poder controlar a los demás a nuestro propio antojo.
 
En todos esos casos, el sufrimiento va a ser la constante. Sufriremos para conservar a ese benefactor que nos "adoptó", bien sea una pareja, un jefe, un amigo, etc.
 
Sufriremos por la soledad de no poder establecer vínculos íntimos con los demás. Sufriremos al no ser capaces de valorar a los demás seres humanos tal y como son.
 
Dicen que las frutas son lo único que madura. Los seres humanos podemos tener 30 ó 50 años y aún así mantener los mismos temores que teníamos de chicos.
 
Quizá sea buena idea reflexionar sobre esos vacíos de infancia que nos llevan a los apegos neuróticos en el presente.
 
Es posible que en algún punto de nuestra vida adulta seamos capaces de renunciar a ese deseo imposible de contar, de una vez y para siempre. con alguien que se comporte como la madre ideal que nunca tuvimos.
 

miércoles, 29 de julio de 2015

Cómo llegamos al Amor - Claudio Naranjo

Entrevista a Claudio Naranjo
25/04/14
Es uno de esos genios chilenos que el mundo reconoce y los chilenos no. Psiquiatra de la Universidad de Chile, antes de los 30 años salió a estudiar a Estados Unidos y se quedó allá, en Berkeley. “Soy un buscador sediento,” dice. Su incesante búsqueda la ha realizado libremente, más allá de los confines académicos y religiosos, y hoy, a sus 81 años, es un maestro espiritual respetado. A propósito de su visita a Chile para dar dos charlas, publicamos esta entrevista realizada hace algunos años, en sucesivos encuentros, por Delia Vergara, la primera directora de revista Paula.
Por Delia Vergara
 

 
Tiene pinta de profeta, con su cuerpo grande, medio encorvado, sus pelos y barbas abundantes, y sus radicales pronunciamientos sobre la condición humana. Viene a vernos esporádicamente a Chile, enseña durante unas pocas semanas y luego se va por el mundo, como si no perteneciera a ninguna parte. Trae buenas noticias, siempre. Una nueva forma de ver la neurosis, un nuevo descubrimiento espiritual, una nueva síntesis de enseñanzas milenarias, en su afán por adentrarnos en el camino del amor, el único que, según él, puede traernos auténtica felicidad. 

Impresionante el impacto de la primera vez que lo escuché, en el Goethe Institut, en un auditorio abarrotado, a mediados de los ochenta. Hablaba de cómo había ocurrido su transformación espiritual y sus palabras resonaban en mí como si me vinieran de adentro, como si toda esa sabiduría habitara en alguna parte mía hasta entonces desconocida. Impresionada, no le perdí más la pista. Lo he entrevistado innumerables veces a lo largo de los años con la intención de hacer un libro sobre él. De esa manera me forjé el privilegio de exprimirle una y otra vez sus conocimientos sobre los asuntos que más me interesan en la vida.

Me cautivan sus conocimientos infinitos sobre el camino para llegar a la sanidad, al amor, a nuestra naturaleza espiritual. Su mente prodigiosa ha hurgado en todas las tradiciones espirituales y sicológicas. Encuentra un camino y lo recorre entero, lo experimenta en sí mismo y enseña lo que le ha servido. Los ha recorrido todos: el cristianismo, las escuelas orientales, el chamanismo, las escuelas sicológicas, las audacias de la nueva era.

Aparte de su erudición, tiene el don de la palabra. Transmite lo que sabe como un artista. Sus conferencias son un deleite y a veces las termina tocando una pieza de piano, porque también es músico. 

Actualmente tiene una casa en Berkeley, pero no se puede decir que vive ahí porque viaja sin cesar. En su larga vida se ha casado dos veces, y su único hijo, del primer matrimonio, murió en un accidente automovilístico cuando tenía doce años. El impacto de esa muerte lo adentró aún más en el camino que ha recorrido y enseñado. 

Ha sido guía de miles de terapeutas y buscadores espirituales en todo el mundo. En Chile lo seguimos una multitud de sedientos que, tal como él, quedamos cortos con las enseñanzas institucionales. Su mirada al predicamento humano es apocalíptica, pero también es optimista, porque él ha experimentado la transformación en sí mismo y le tiene fe. Dedica su vida a transmitir lo que sabe, en más de diez libros publicados, en conferencias y talleres. Lo hace sin grandilocuencia, pero con la convicción de quien no habla por boca de ganso, sino por su propia experiencia. 

EL MAL

Tú dices que en el mundo hemos hecho muchas revoluciones y experimentos pero los humanos seguimos vacíos, disfuncionales y hasta peligrosos. ¿Qué es lo que nos falta?
Efectivamente, tenemos una historia muy larga de nobles propuestas y muchas revoluciones para el cambio social. Sin embargo, estas nunca han incluido una propuesta de cambio individual. Parece que ya es hora de entender de si queremos una sociedad diferente necesitaremos seres humanos más completos. No se puede construir un edificio de esa naturaleza sin los ladrillos apropiados.

¿Cual crees es nuestro problema individual?
Es un problema de origen emocional. Nos sentimos vacíos, inútiles, sin sentido. Tenemos una falta de armonía interior. La mayor parte de la gente, impulsada por este vacío, devora en su entorno, consume, trata de llenarse con la vida de los otros, llenarse de importancia, de poder. 

¿Por qué estamos acostumbrado a vivir así, sin tomarlo como una anormalidad?
Padecemos una condición que en teología se llama dureza de corazón. La persona que está en pecado no sabe que está en pecado, está endurecida. La sicología llama a eso neurosis, enfermedad. 

¿Como describirías este mal interno, cuáles son sus componentes?
Mi mentor, Totila Albert, (escultor y poeta chileno que murió a fines de los 50) lo veía como un desequilibrio interno entre las energías paternas, maternas y filiales. Al interior de la siquis el principio paterno se toma la autoridad y esclaviza a los demás. La sicología, desde Freud en adelante, habla de la toma del poder de lo mental por sobre lo emocional y lo instintivo. 

¿Piensas que nuestra enfermedad tiene que ver con el sistema patriarcal?
Los años y la experiencia me han ido confirmando que nuestro mal es el sistema patriarcal. Hemos progresado en un sentido racional, tecnológico, pero al mismo tiempo nos hemos deteriorado en un sentido psico-espiritual. 

¿Como se manifesta eso?
Cada individuo vive desde la cabeza, desde su superego, desde la tiranía del debería. De eso se trata la moralidad ordinaria, seguir las órdenes del padre internalizado. El ser humano lleva dentro de sí mismo un capataz y un esclavo, el esclavo es su naturaleza espontánea, instintiva, los elementos maternos y filiales.

¿Cómo nos afecta eso?
Nacemos en un mundo de tiranos, en que los seres que más te quieren son al mismo tiempo los que más te hacen sufrir. Nuestros padres, sin saber que nos dañan, se adueñan del control y la autoridad desconociendo la capacidad de autocontrolante del niño, con muy poca fe en su naturaleza interior. La actitud es: “Yo te amo y te acepto si haces las cosas de tal o cual manera.” Así se va transmitiendo esta cultura que poco a poco va consumiendo la naturaleza y que tiene armas para destruir varias veces el planeta.

LLEGAR AL AMOR
 
¿Cuáles son las razones de tu optimismo frente a este cuadro que pintas?
Hoy hay más conciencia que nunca del sufrimiento en su raiz, que es el sufrimiento del no ser, la sensación de sinsentido. La gente llega a las consultas sicológicas diciendo: “No estoy bien, esto no está funcionando”. En sicoterapia se dice que es un elemento de buen pronóstico tener conciencia de enfermedad. Por otra parte, aunque desde siempre ha habido gente que evoluciona, en este siglo existe lo que podríamos llamar una “metodología del amor”, que es la contribución de la sicología. Antes de la llegada del conocimiento sicológico pareciera que hubiera faltado alguna pieza, un recurso para esta empresa de cambio. El mero mandamiento de amar a los demás no ha servido, se necesita un método terapéutico más refinado para lograrlo.

¿Qué es lo nuevo que ha aportado la psicoterapia?
Instrumentos para conocerse a sí mismo, para sanar la herida emocional y para liberar lo instintivo. Los terapeutas tratamos de sacarle el policía interior a las personas. El ser humano es más completo cuando puede dejar que todos sus elementos internos, -la mente, el instinto y las emociones-, se abracen en vez de debilitarse combatiéndose unos a otros.

Eso de la liberación del instinto pareciera algo pecaminoso en el mundo que vivimos.
Yo tengo más fe en el instinto que en la civilización actual. Los instintos humanos libres se autoregulan. Una persona sana recupera esa espiritualidad que viene del animal interior; recupera, por ejemplo, la sexualidad, que está muy dañada en la mayor parte de la gente a pesar de que hay en el mundo una libertad sexual superficial que yo no veo como libertad, sino como una contrarrepresión a la represión. Eso no tiene nada de sano. 

¿Qué ganas conociéndote a tí mismo?
Conocerse a sí mismo es conocer al falso ser, a ese idiota que llevamos dentro que constantemente nos hace sufrir. Cuando uno logra verlo, está comenzando a hacerse sabio. Es duro el autoconocimiento pero es importante saber lo que uno experimenta, tener conciencia de lo que se siente. Es sanador tomar conciencia de la agresividad inconsciente, del dolor inconsciente, del miedo inconsciente. Para sanar el odio, que es una plaga generalizada, inseparable del hiper deseo, de la codicia, de la necesidad nuerótica de más, es necesaria la aceptación sincera de esos sentimientos en uno. 

¿Tiene el sentido de la confesión de los cristianos?
Si, porque proporciona ese espacio íntimo para confesarse a sí mismo. Es necesario ver todo eso para decir “basta, voy a abordar un camino nuevo, que es el camino amoroso”. El amor va mas allá de algunos sentimientos que se han idealizado como amor. Se idealizan las pasiones como amor, el enamoramiento como amor, pero el amor verdadero es una cosa muy poco dramática, es una actitud de no hacer daño a los otros, un sentimiento fraternal. 

Además de la psicoterapia, recomiendas la meditación.
Las enseñanzas espirituales de todas las culturas nos dicen que solo cuando la mente se aquieta puede reflejar algo que está más allá de ella. Si callamos nuestras voces pequeñas puede oirse una voz que está en otro nivel, que nos llevará por el camino correcto. Esa es la voz de la conciencia, del ser, la parte de la mente que da sentido a la vida.

¿Qué sería estar sano para ti?
Sentir el bienestar de ser. 

EDUCAR LA AFECTIVIDAD

Has dicho últimamente que el tema de la educación te acalora. ¿Por qué?
Porque ya es hora de que tengamos una educación para el desarrollo humano. Tenemos una educación predominantemente intelectual, en que los demás aspectos del ser humano son desestimados. Nada necesitamos tanto como una educación afectiva, una educación de esa capacidad amorosa que es la base de una buena convivencia familiar y social. Si no alcanzamos una dosis mayor de bondad, toda la información técnica no va muy lejos.

¿Qué te hace pensar que eso es posible?
Es difícil, porque la educación tendría que superar sus tabúes contra lo terapéutico y contra lo espiritual. Eso no lo hace menos urgente. La educación podría incluir una instrucción espiritual no dogmática, prácticas concretas que sirvan al cultivo de la mente profunda, y un proceso de autoconocimiento guiado que lleve a los jóvenes no solo a cambios de conducta sino a esa transformación que es la esencia de la madurez humana.

Sin embargo ya existe algo así como una educación en valores.
Eso no es suficiente. Para llegar a encarnar los valores no basta esa combinación de instrucción y sermón que se llama la educación en valores. Son necesarios los procesos más profundos de los que hemos hablado. Los profesores tendrían que hacer esos procesos como parte de su eduación antes de poder guiar a los jóvenes. 

¿Cómo interpretaste las protestas de los estudiantes que han movilizado toda la discusión de la educación en Chile?
Veo un despertar, nos estamos haciendo conscientes de nuestra realidad. Hoy tenemos una democracia gobernada por el 1% para el 1% y eso se está haciendo cada día más visible. Está ocurriendo un darse cuenta que se va esparciendo y va cambiando la reacción de las personas ante asuntos que antes no veía. Es una conciencia que deslegitima las viejas instituciones, aunque no se tenga claro hacia dónde vamos. 

Fin de mundo, se dice por ahí.
Estamos entrando en otra cosa. Parece que el barco se está hundiendo, una civilización se está resquebrajando. Yo pongo mi esperanza en el naufragio porque nada interfiere más para que tengamos un mundo mejor que el sistema de poder y de valores que hemos construido.

Hay mucha gente asustada.
Mas vale mirar esta crisis como una oportunidad, no hay que tenerle tanto miedo. Lo que se hunde es una cultura que tiene eclipsado el amor. El valor cultural predominante es la competencia, no es la solidaridad. Falta el reconocimiento colectivo de que lo verdaderamente humano es la solidaridad.

¿Ves esperanza?
La gran pregunta es cómo pasamos de un mundo a otro. Yo pongo mi confianza en la creatividad social. A los jóvenes les tocará la tarea de construir una nueva cultura desde la conciencia, desde los valores verdaderamente humanos. En Chile son los jóvenes los que se indignaron primero reclamando por la educación. Pienso que en la rebelión de los jóvenes hay algo más de lo que se ve. Ellos saben, porque están más despiertos, que la educación que reciben es irrelevante,que no les va a servir para vivir.

SU PROPIA TRANSFORMACIÓN

¿Qué le dirías a alguien que desea abordar el camino que propones?
Que el cambio interior es un trabajo, una disciplina. Es necesario trabajar por nuestro progreso espiritual. El esfuerzo tiene mucho que ver con estar dispuesto a sufrir, a mirar lo doloroso y torcido que hay em uno. Después de esa etapa, que es terapéutica, viene un nuevo nacimiento. Nace el ser verdadero de uno mismo, que sabe vivir.

¿Cómo ha sido ese proceso en tí?
Mi búsqueda empezó con experiencias durante mi adolescencia en las que sentí un nivel de felicidad desconocido, pero fueron transitorias, las perdí. El hecho de haberlas perdido dejó en mi conciencia La sensación de que había algo que buscar, un estado muy superior a la felicidad ordinaria que antes había experimentado. Durante todo el tiempo que viví en Chile mi búsqueda fue mi ocupación principal, pero lo llevaba como algo secreto sobre lo que escribía em cuadernos privadísimos. Me sentía um bicho raro. Solo al llegar a trabajar a la Universidad de California en Berkeley, Estados Unidos, al comienzo de la década del sesenta, me sentí en un oasis porque me encontré con otros buscadores semejantes, una nueva generación que se estaba liberando de la autoridad de sus mayores. 

¿Qué era lo que cuestionaba esa gente?
Esa división del pensamiento humano en multitud de escuelas, religiones y tendencias que luchan entre sí. Eso se veía como el autoritarismo dentro de cada uno de los sistemas, el decir: “Miren, aquí está la verdad entera.”

¿Como veían ellos la cosas?
Pensaban que todas esas visiones eran complementarias, eran parte de un mismo pastel. Eso me hizo mucho sentido. Yo fui uno de los primeros colaboradores de Esalen, un centro de crecimiento que reunió el interés terapéutico con el espiritual, el artístico y el corporal, en una actitud integradora que después se generalizó en el mundo entero.

¿Hiciste todos los aprendizajes?
En Esalen había gente extraordinaria, y naturalmente los aproveché. Yo tenía una cierta invulnerabilidad al dolor, y, por lo tanto, al amor. Tenía una sequía interior.

¿Quienes te marcaron?
Un encuentro muy importante de ese tiempo fue con el creador de la terapia gestáltica Fritz Perls. Era un gran maestro y un hombre que había llegado a mucho. Participé en varios talleres de Gestalt con él, y como todavía no se había hecho famoso recibí mucha atención de él. Después fui uno de sus sucesores.

¿Qué aprendiste de Perls?
Pearls fue un profeta del aquí y el ahora, eso que con el tiempo se ha hecho tan común. Hizo sentir a quienes se acercaban a él que había como un camino del estar presente. Enseñaba a encarar el momento sin tratar de escapar hacia pensamientos acerca del pasado o del futuro. En la vida común el pasado y el futuro rara vez son tomados como objetos de La reflexión, sino que son objeto de ensoñaciones vacías. La recomendación de Pearls de vivir en el ahora se basaba en que solo vivimos el momento presente. Eso es algo que la persona sana sabe, pero las personas neuróticas no se dan cuenta, mientras están enredadas en una seudo existencia de pensamientos y emociones negativas.

¿Cuáles fueron tus primeras experiencias con la meditación?
Tuve la suerte de recibir instrucción de meditación de Suzuki Roshi, el primer maestro de meditación Zen que llegó a Estados Unidos. También fue importante la experiencia con el psicólogo americano Leo Zeff, uno de los grandes expertos en el manejo de la terapia con alucinógenos, que cuando se hace en manos de un experto puede acelerar mucho el proceso terapéutico.

Escuché que tu experiencia definitiva la tuviste en Chile.
Fue en Arica, con el maestro espiritual Oscar Ichazo. Ese fue el principal peregrinaje de mi vida, en el desierto de Azapa. Nos vinimos unos cuarenta compañeros de Esalen durante meses al desierto a trabajar con Ichazo. Ahí experimenté un verdadero nacimiento a un nivel de conciencia desconocido. Ese fue el comienzo de un camino de transformación profunda, sin vuelta atrás.

¿Que te ocurrió ahí?
Tuve una tremenda expansión, que partió de una experiencia mística. Recuerdo haber usado en mi diario la expresión “ví a Dios cara a cara”. No había palabras, no había contenido, ni siquiera silencio. Lo que más se acerca a lo que viví es la palabra nada, pero nada tiene sabor a nada y eso era más todo que nada. Cuando salí de la experiencia tuve un gesto de oración, de pedirle a Dios una confirmación de que esto era El. Y me surgió espontáneamente un cantar, algo hermoso, que entendí como una respuesta de lo divino a través de la creación de una belleza.

¿Qué pasó después?
De vuelta en California le decía a mis amigos: “Tengo la impresión de haber nacido de nuevo, de ser como una guagua que no tiene brazos ni piernas, que no sabe andar y apenas sabe hablar.” Tenía una gran conciencia de mí, y de la distancia que había entre mis actos y mi inspiración. En los momentos de recogimiento, de meditación, me volvía a invadir un estado que era como mi ser verdadero y me daba cuenta de lo absurdamente imperfecta que había sido mi acción durante el día. A través de este contraste empezó un aprendizaje del vivir. Era como una caída que era ascenso al mismo tiempo. En ese tiempo cambiaron radicalemente ciertas vivencias neuróticas, una cierta manera de depender de la gente, una cierta relación con el mundo. Pero había momentos que me sentía un idiota. Había siempre un saber que iba avanzando pero era más intenso que nunca el sentir que algo me faltaba.

Hás afirmado que pasaste por “la noche oscura del alma”.
San Juan de la Cruz le llamó así a esa etapa de su proceso, cuando luego de sentir una gran identidad con Dios, lo perdió.

¿Hay etapas definidas en el proceso de transformación?
Hay tantas descripciones como personas que lo han hecho. Como todo lo que pertenece a la vida, se puede mirar desde muchos puntos de vista. Lo que se puede ver a través de los místicos es que después de una fase purgativa viene una fase iluminativa, que es como una luna de miel espiritual; después viene la sequía, la dificultad, los obstáculos, en la que los santos pierden su santidad. Y all final se llega a lo que se llama la fase unitiva.

¿Consideras que llegaste ahí?
No, de ninguna manera. Me siento más que nunca en proceso, en transición, sin embargo me siento guiado desde adentro. Seguir adelante es algo que el cuerpo y el alma me piden. Ya no necesito ser empujado desde fuera.

Eso de mirar tus heridas, de estar consciente de todo eso, ¿terminó en algún momento?
No, eso nunca se abandona, yo diría que va en aumento. La sensación es que antes uno tenía la piel sana y el centro enfermo y después hace erupción el volcán y llega un momento en que se siente que está limpio el centro, uno está en paz consigo mismo, pero las heridas están más flor de piel, se ven más. 

¿Es necesario tener que vivir con eso?
A mi me parece que todo está muy bien construido en la naturaleza de modo que sigamos caminando sin que se nos vayan los humos a la cabeza.






viernes, 24 de julio de 2015

Testimonios Curso de Reducción del Estrés en 8 semanas (Mindfulness)

 
……….. Para mí es importantísimo haber llegado aquí. Siento que puedo abrir la puerta hacia mi interior, apartando ese miedo a encontrar lo que no te gusta o lo que te asusta….. Tengo la sensación de haber llegado a casa, con todo lo bueno y lo malo. He cambiado muchas de las rutinas que inconscientemente me hacían daño, como la multitarea, que sólo me generaba un gran stress. Procuro darle a cada tarea su espacio y su tiempo para ser consciente de lo que hago. Si como, solo como, si corro, solo corro, si escucho música, solo la escucho……

Durante la práctica he pasado por todo tipo de sensaciones físicas, mentales y emocionales, descubriendo incluso “manías” de las que no era consciente (mandíbula apretada, tensión muscular en cuello y hombros, dedos de los pies cruzados….). He tenido algunos momentos de gran frustración cuando las meditaciones no eran lo que esperaba en días donde mi mente estaba inquieta y mi cuerpo excitado. Con esto aprendí a aceptar que también forma parte del aprendizaje, que también tengo que escucharme en ese momento.

Experimenté con diferentes horarios, con luz, sin luz, con diferentes cojines, centrándome en la respiración, en los sonidos, contando inhalaciones, haciéndolas sonoras, profundas, o dejándolas fluir y todo esto hace que cada día todo sea más natural para mí. Sin duda, mi práctica favorita es la meditación. En algunos momentos siento no sé si paz, si plenitud, si es simplemente un sentimiento de que todo está donde tiene que estar, o simplemente es que no sé describir lo que es exactamente.

……………… descubrir mi respiración como medicina y encontrarme en “mi estado de equilibrio” meditando es lo más asombroso para mí. Estoy aprendiendo que todo es mucho más sencillo de lo que lo hacemos nosotros. Veo lo torturadora que llega a ser mi mente y soy feliz de ver que es ella y no soy yo. Hay momentos en que logro verla como espectadora y ahí siento tranquilidad. Cuando consigo estos momentos en los que puedo ver mis pensamientos desde fuera vuelvo a sentir que todo está bien, es así, sin más. No le doy más importancia…….

……. Para mí esto ya no es un curso de 8 semanas de reducción de estrés, ahora ya es un modo de vida.

A.B.


La base de mi recuperación es la ACEPTACIÓN. Hay muchas distorsiones en el camino pero algo es básico y por lo tanto punto de partida. FLUIR, NO ESTANCARSE.

Eso ha sido demoledoramente beneficioso para mi mente y para mi desequilibrio emocional. Es costoso y muy duro pero va desarrollándose a un buen ritmo dejándome tiempo para una Atención Plena feliz sin preocupaciones inútiles.

FLUIR es bueno para deshacer, para diluir mis obsesiones y es beneficioso para diluir mis miedos y preocupaciones.

……………………….

I.S.

….. He entendido que no hay que agitarse cuando tienes ansiedad o dolor, que hay que intentar tomarlo con calma y aceptarlo.

He conseguido calmar algo la ansiedad y el dolor cuando tiene lugar en mi cuerpo, eso me alegra y anima cada día.

L. R.

…. Antes no me creía capaz de fijarme en la respiración, pues me ponía nerviosa y ni estar tanto tiempo sentada sin moverme.

M.J.M